miércoles, 10 de marzo de 2010

ESE EXTRAÑO CONOCIDO

(Artículo publicado en Viva Jerez el 11/3/2010)

Salí del trabajo tarde. Hacía frío y una tenue lluvia caía sobre la ciudad. Pasaban las doce de la noche y el centro, a esa hora, estaba desierto. Sólo mis pasos rompían el silente escenario que se presentaba ante mis ojos. Jerez, a esa hora, nos enseña una faz distinta. Son las mismas calles, las mismas plazas, iglesias y monumentos. Pero, un incomparable abanico de sensaciones nuevas se abren en la ciudad a esa hora bruja. Es una serena quietud que invita a andar despacio, saboreando momentos invisibles a la luz del día. La vetusta fachada de “La Abacería”, en pleno corazón de San Miguel, me devolvía con su eco los pasos que despacio me dirigían al coche. Fue entonces cuando lo vi. Estaba sentado en el suelo. Tenía la mirada perdida y el rostro ajado. Reconozco que mi primera reacción fue cambiar de acera. Instinto, supongo. De soslayo advertí que se trataba de uno de tantos vagabundos sin un mundo donde habitar. Pero algo me hizo detener y volver la mirada hacia aquel sujeto menudo que ni siquiera había advertido mi presencia. Ese ser me resultaba conocido.

De repente, nuestras miradas se cruzaron. Fueron varios segundos. Después, él los bajó lentamente mientras los míos se abrían cada vez más. Una lluvia de recuerdos inundó entonces mi cabeza. Aquella fiesta en casa de sus padres, esa excursión a Villaluenga con la pandilla, el día que me acompañó a casa porque la borrachera me impedía dar un paso, cuando me presentó a su primera novia... Hacía años que no lo veía. Pero, sin duda, era él. Alguien me había advertido de su situación. La droga, la maldita y puta droga, lo agarró y su vida tomó una senda distinta y tenebrosa. Rompió con su novia meses antes de casarse, sus salidas de tono en el trabajo provocaron su despido y sus padres y hermanos lo perdieron en algún punto del camino. Y ahí estaba. Con la cabeza gacha y los ojos tristes. Me acerqué, pero mis pasos me delataron y rápidamente se incorporó y comenzó a andar. Lo llamé por su nombre pero no me contestó.

Con pasos inseguros se encaminó calle abajo perdiéndose por esa maraña de calles que se esconden en la Plazuela y al amparo de las sombras de una noche que para él es día. No lo seguí. Decidí respetar esa última llamada a la dignidad que me lanzó con su silencio. Volví sobre mis pasos y entré en el Café Arenal. Pedí un whisky solo, con hielo. Cerré los ojos, bajé la cabeza y apreté los puños en un intento de ahogar el grito de rabia que me consumía.

miércoles, 3 de marzo de 2010

LA MUDANZA

(Artículo publicado en Viva Jerez el 4/3/2010)

Corté por lo sano. Hace un par de meses les hablé de la devoción casi diaria de mis vecinos a jugar a los médicos; una afición muy saludable si se hiciera a horas normales, y no a las cuatro o cinco de la madrugada sobre un colchón de muelles oxidados que se amplifican en el ruido de la noche y que se me colaban por la delgada pared de mi dormitorio una noche si y otra no. Si a ese menester nocturno le unía el arrastre de muebles, el cerrar y abrir puertas o la caída libre de la tapa del wáter tras la micción, podrán imaginar mi cara del día siguiente. Bien, pues como digo, corté por lo sano. Si, me mudé. Después de 5 días seguidos y 18 viajes de ida y vuelta con mi coche hasta la colcha, he conseguido cambiar de domicilio. ¿Alguna vez han hecho una mudanza?. ¡Dios, no sabía cuántas cosas tenía en casa!.

Y es que, casi sin darse cuenta, uno va atesorando a lo largo de su vida objetos y recuerdos en cajones, sobre el armario, en el trastero o bajo la cama. Ahí van algunas perlas. Conseguí reunir hasta 12 cargadores distintos de móviles; 25 pilas de distinto tamaño la mayoría a medio gastar; 79 euros en monedas de 1, 2 y 5 céntimos; 456 pesetas en monedas de 1, 5 y 25; un caballito de mar sobre una cocha marina recuerdo de Benidorm; 8 peines blancos, 4 gorros transparentes de baño, 9 botes de champús y 3 calzadores en sus respectivas fundas con los nombres de hoteles distintos; 5 cassetes vírgenes de 90 minutos; 4 mandos a distancia de vaya usted a saber qué aparatos; 120 gramos de pelusas con denominación de origen que me llamaban por mi nombre por eso de la confianza; dos resguardos de entradas de Miguel Ríos de 1983 en el Estadio Domecq con Leño y Luz Casal como teloneros; 21 calcetines desemparejados; un examen de latín que aprobé con un 6’5; un llavero de la Caja de Ahorros de Jerez y otro de Bodegas Valdespino; 7 rotuladores carioca y 8 bolígrafos sin capuchones; 7 cromos del Barça de Neeskens, Migueli, Rexach y Asensi; 5 tebeos de los de la Familia Ulises, Josechu el Vasco o Petra criada para todo; una raqueta de madera de cuando jugaba al tenis; 6 fichas de dominó; unas páginas amarillas de 1980; tres chuletas de derecho romano enrolladas formando un pequeño papiro…

En fin, una sarta de “recuerdos” de toda una vida que, en la mayoría de los casos, me he resistido a tirar a la basura. Por que cada uno de ellos evoca un momento, un instante, un olor, una vivencia personal e irrepetible. Objetos que se unirán a otros que iré atesorando en los próximos años y que forman parte de mi vida. Por cierto, que las pelusas las he guardado en una cajita de cartón, las pobres….

miércoles, 24 de febrero de 2010

MERETRICES Y FARISEOS

(Artículo publicado en Viva Jerez el 25/2/2010)
A ver si nos aclaramos de una “puta” vez en esto de la prostitución. Alguien me debería explicar el doble rasero, la doble moral de una sociedad que, como los monos sabios chinos que se tapaban los ojos, oídos y boca, parece querer obviar, ocultar y en algunos casos amparar el mal llamado “oficio más antiguo del mundo”. Todos sabemos de la existencia de los prostíbulos, puticlubs, burdeles o bares de alterne. Están por todas partes; en el centro de las ciudades, a las afueras, en los márgenes de la carretera. Tienen sugerentes nombres anunciados en grandes letras de neón, como Paradise, Gold Relax o Kiss Club. Se sabe qué ocurre en su interior y cómo la mayoría son inmigrantes que alguna soñaron gozar de una vida mejor en este país y que fueron engañadas por proxenetas sin escrúpulos. Se sabe de la sordidez que rodea este submundo en el que la mayoría no está por vocación si no por pura necesidad. La prostitución siempre ha existido y siempre existirá.

Debe recordarse que no es ilegal en España, ya que existe el derecho de libertad sexual, por lo que no se puede detener a ninguna prostituta. Pero aunque no está penado tampoco está considerado un trabajo legal, por lo que no tienen derecho a darse de alta en la Seguridad Social ni a trabajar como autónomas. Lo que no deja de ser un contrasentido de moralidad hipócrita. Los puticlubs son legalmente bares donde los clientes toman copas y alquilan una habitación, cobrando las prostitutas por ese alquiler y por las consumiciones. Lo que hagan con su cuerpo es cosa suya. No existe, por tanto, ilegalidad salvo que se les obligue a prostituirse. Esto viene a colación de lo ocurrido en Jerez por el asunto de la familia Galán y por la repercusión mediática de la noticia. No deseo opinar sobre este asunto en concreto pero sí de lo que ha suscitado. Rasgarse a estas alturas las vestiduras morales ante una situación que se anuncia a las claras en la mayoría de periódicos de nuestro país; alzar la voz del fariseísmo más recalcitrante para denunciar lo que está ocurriendo desde siglos a la vista de todos, es hipócrita. Está visto que mientras haya clientes habrá prostitutas.

Nos guste o no. Por ello ¿Porqué no “normalizar” una situación que sobrevive bajo un vacío legal?. ¿Porqué no se busca un consenso político y judicial en este asunto?. ¿Porqué no nos quitamos de una vez las manos de los oídos, ojos y boca para aceptar esta realidad?. De este modo se acabaría, entre otras cosas, con las mafias de trata de blancas y con la situación de ilegalidad que padecen muchas de las inmigrantes. Además, cotizarían a una Seguridad Social cuyas arcas están cada vez más mermadas…

miércoles, 17 de febrero de 2010

LA LLUVIA ME DESBORDA

(Artículo publicado en Viva Jerez el 18/2/2010)

Miércoles por la mañana. Suena el despertador y, con los ojos aún medio cerrados, oigo de fondo el fuerte aguacero que esta cayendo. Me calzo las zapatillas y me acerco a la ventana. Observo un paisaje gris, un cielo encapotado, fuerte viento y un río de agua que discurre caudalosamente por la calle. Pero, en fin, el deber me llama y debo ir a trabajar. Blacky menea su rabo impaciente. Tendrás que esperar a mediodía. Cualquiera te saca ahora a hacer pis. Me enfundo el chubasquero, me hago con el paraguas y salgo a por el coche. Y la primera en la frente. Una inesperada racha de viento me vuelve el paraguas del revés. Para colmo, cuando intento darle la vuelta, meto el pie en un charco tan profundo que parecía el de los Hurones. Maldigo en arameo a los dioses de la lluvia mientras el paraguas sale finalmente volando y yo me quedo con el mango en la mano. No me queda más remedio que correr rápido hacia el coche mientras la lluvia se hace más intensa.


Al fin llego y… ¿Dónde están las llaves?. Miro en un bolsillo, luego en otro. Está diluviando. Al fin las encuentro en un bolsillo interior del chubasquero y cuando, fruto del nerviosismo, las logro alcanzar se me caen al suelo, en un charco de barro. Con las llaves sucias y mojadas, empapado hasta las orejas, abro finalmente el coche y arranco. A los pocos minutos, deja de llover. Atascos y más atascos. Colas en los semáforos. Y es que, cuando llueve, todo el mundo pilla el coche para ir a trabajar, a llevar a los niños al cole… En fin, paciencia. Es la hora de aparcar. Me

encomiendo a varios santos mientras doy vueltas y más vueltas al entorno de la Plazuela. Tras más media hora logro aparcar, justo cuando comienza otra vez a llover con fuerza. No tengo paraguas. Salgo corriendo del coche tapándome la cabeza con la publicidad de una gran superficie y me resguardo bajo un balcón. No tiene visos de que escampe, así que corro por el filo de la calle buscando salientes y casapuertas.

En ese momento, pasa un coche por la calle. Les prometo que vi, como si de una película en cámara lenta se tratara, cómo se acercaba el coche, el charco frente a mí e incluso visualicé las consecuencias pero, no pude reaccionar a tiempo y ¡Ahí va eso!. Allí estaba yo. Sin paraguas, empapado, con cara de tonto y asesinando con la mirada al incauto conductor. Al fin llego al trabajo. ¿Han permanecido alguna vez 7 horas con los zapatos y calcetines, pantalón y jersey totalmente empapados?. Yo, sí. Veo la previsión del tiempo. Llueve hasta el martes con una probabilidad del 100%. ¡Atchiss!. Ya me he resfriado. Y Blacky en casa sin mear…

miércoles, 3 de febrero de 2010

NO TENGO FEISBUQ

(Artículo publicado en Viva Jerez el 4/2/2010)
No. Me niego. Al menos, hasta la fecha, no tengo cuenta ni perfil en la red social Feisbuq (libro de caras o cuaderno de perfiles, según la traducción literal del inglés que, como observarán, me niego a transcribir). A veces, cuando lo digo, me miran raro y sonríen, pensando quizá que soy algún alienígena con antenas llegado de otro planeta y que habita oculto entre nosotros. Y, aunque os cueste creerlo, llevo una vida de lo más normal y me siento satisfecho con ella. Y, por favor, no insistáis que no me voy a hacer una cuenta por más invitaciones que me mandéis a mi correo. Me niego. He estado a punto de grabar en varias de mis camisetas, camisas y jerseys una frase que diga algo así como “No tengo feisbuq. ¿Pasa algo?”. Lo único que me faltaba.

Mis fotos más personales, mis datos más íntimos y mi relación de amigos y conocidos al servicio de algún incauto cotilla que ose escrutarme desde el ojo de la cerradura digital. De eso nada. Tengo la suerte de tener pocos, pero muy buenos amigos y me hace gracia cuando un chico joven dice que tiene unos 200 amigos, basándose en su lista de contactos online. Mil veces prefiero “perder” una hora tomándome una cerveza con un amigo, que revisando mi perfil para tenerlo “actualizado”. Demasiado que, tras mucha resistencia, y dicho sea de paso, varias solicitudes del respetable, caí en la tentación de crearme un blog personal en el que desde entonces incluyo todos los artículos que publico los jueves en Viva Jerez. Es este: www.extebanf.blogspot.com . Les confieso que me sorprende que tenga más de 5.300 visitas y que algunos lectores me dejen comentarios sobre uno u otro artículo. De vez en cuando, incluso me permito el lujo de glosar la figura de algún amigo, o bien incluyo alguna referencia personal, alguna foto de grupo o el comentario a una noticia de actualidad. Pero de ahí a botar la nave de mi intimidad en el océano de la web (¡qué cursi me ha quedado!, ¿verdad?) va un abismo al que no estoy dispuesto a llegar.

Me niego a estar en permanente comparación con el primero que me encuentre a cerca del número de amigos que tengo en el feisbuq. “Soy el más guay de los guays. Tengo 120 amigos… ¿Y tú, cuántos tienes?”. La red es muy poderosa pero, a la vez, peligrosa. Me da la impresión de que nos estamos habituando tanto a “confiar” nuestros contenidos más íntimos en Internet, que nos olvidamos de esos malandrines cibernéticos que los aprovechan para su propio beneficio. Si hay alguien por ahí que sea igual de alienígena verde con antenas que yo, mandadme un comentario a mi blog. Ánimo.