
Artículos y otros comentarios de un periodista del Sur que un día se marcó una senda Sin Límites
miércoles, 29 de julio de 2009
ADOLFO

martes, 14 de julio de 2009
El 1 de agosto, una cita con Rafa Verdú

A esta presentación acudieron representantes de los diferentes colectivos e instituciones implicados en el homenaje, medios de comunicación, así como de las tres ONGs a las que se destinarán los fondos del acto benéfico; esto es, Bolsa de Caridad de la Virgen del Valle, Asociación Alzheimer Jerez y Hogar de La Salle.
La citada cena homenaje será el sábad
La organización de este acto corre a cargo del Club de Amigos de Alfredo. Ayuntamiento de Jerez y Casa Juan Carlos lo patrocinan y la colaboración viene de la mano de firmas como Garvey, CEIS servicios informáticos, AC Hoteles, la Federación de Peñas Xerecistas, Royma, Xerez CD y Asociación de Veteranos.
Rafael Verdú Fernández nació en Madrid el 23 de diciembre de 1927. Desde muy temprana edad se vio atrapado por el fútbol. Los primeros pasos en este deporte los dio con tan sólo 16 años jugando en el equipo de los Salesianos. Un año después, en la Temporada 1944/45,

El salto a la profesionalidad
La temporada 1946/47 marcó el inicio de la carrera profesional de Rafael Verdú con su llegada al Plus Ultra, equipo de la Tercera División en el que jugó hasta la Temporada 49/50, coincidiendo precisamente con su ascenso a la División de Plata nacional. Pero Verdú sólo pudo jugar media temporada en Segunda, ya que los ojeadores del Real Madrid se fijaron en él y lo ficharon para el primer equipo de la capital cobrando una prima de 50.000 pesetas al año y debutando precisamente con un triunfo en casa del Fútbol Club Barcelona, en el campo de Les Corts, por un 2-3. En el equipo merengue tuvo como compañeros a los legendarios Miguel Muñoz, Molowny o Paiño, entre otros.

Su llegada al Xerez
Y el Xerez CD se cruzó en su camino. Fue en la Temporada 53/54, precisamente la del ascenso a Segunda del equipo azulino. Allí permaneció varios años hasta que en fue fichado por el Levante; escuadra que igualmente militaba en la División de Plata y en la que jugó durante las temporadas 1957/58 y 1958/59. Rafael Verdú regresó a un Xerez ya descendido a la Tercera División en 1959. Allí finalizó su periplo como jugador en la Temporada 61/62, a consecuencia de una grave lesión de tibia y peroné en un partido contra el Ayamonte.
Cambio de rumbo
La citada lesión le obligó a dejar la práctica del fútbol, pero su afición a este deporte era demasiado intensa y regresó durante las temporadas 63/64 y 64/65 para entrenar al primer equipo del Xerez y a los juveniles, respectivamente. En 1965 inició otra andadura profesional alejada de los terrenos de jugo, en esta caso, como trabajador de la Compañía Sevillana de Electricidad.

Nunca perdió su contacto con el fútbol, volviendo al Xerez que presidía Pedro Pacheco en la Temporada 96/97. Fue en calidad de consejero y coincidió con el ascenso a la Segunda División del equipo que entrenaba Carlos Orúe.
Su hijo Rafa
Tanto amó el deporte rey que se lo inculcó desde pequeño a su hijo Rafael, quien siguió sus pasos llegando a jugar cuatro años en los juveniles del Real Madrid. De hecho, fue 10 veces internacional juvenil teniendo como compañeros a Arconada, Juanito, Camacho o Satrústegui, entre otros. Rafa Verdú militó también en otros equipos como el Castilla, el Albacete, El Plata, Portuense o el propio Xerez en Segunda División.
Rafael Verdú hoy

Su amor por el Xerez le lleva a asistir a todos los compromisos ligueros, tanto en el Estadio Municipal de Chapín como en cualquier escenario de la Segunda División. La próxima temporada seguirá al equipo de la ciudad en la que decidió vivir en su periplo por la Primera División.
martes, 7 de julio de 2009
HORTERAS AL VOLANTE

Seguro que los han visto alguna vez. Deambulan por las calles, generalmente durante el verano, con una mirada de indiferencia y con unos aires de superioridad al volante que rozan lo grotesco. A decir verdad todo en ellos roza lo ridículo. Un examen psicológico advertiría en este tipo de horteras una imperiosa necesidad de protagonismo que esta sociedad les ha negado, quizá porque los músculos o la pose de gallito machista ya no impresionan a las mujeres, ni por supuesto infunden temor o respeto a los hombres. Así, en su deseo inconsciente de ser el centro de todas las miradas, recurren a otros elementos como el coche. Es aquí donde el hortera se siente como en casa. Todo su universo gira en torno a su “buga” al que en ocasiones tunea y dota de un costoso equipo musical con muchos watios y grandes bafles.
El conjunto del que denominaremos “Joven hortera” se completa con una música estridente con elevadas cotas de graves y agudos que les haga hablar a voces, unas gafas oscuras (a ser posible de espejo), camiseta sin mangas, algún tatuaje indescifrable en el hombro y un par de tubos de escape color metalizado que sobresalgan bien por la parte trasera. Este es un claro ejemplo de la evolución de la especie, ya que deriva de un subgénero en decadencia asociado a esta tipología al que denominaremos el “Hortera senil”. Es fácil distinguirlo. Peina canas (a veces ni eso), conduce un Seat Supermiriafiori o similar con alerón trasero, su discografía se basa en Los Chichos o Camela, lleva la camisa desabrochada para así mostrar su “pecho lobo”, el tatuaje muestra un claro “Amor de madre” y aún son fieles al cassete. En ambos casos, es indispensable llevar las ventanillas abiertas para que el viandante gire la mirada al paso de esa discoteca rodante. Sea verano o invierno. Haga un sol de justicia o llueva torrencialmente.
El hortera debe conseguir su objetivo y rentabilizar su inversión aunque sea a costa una pulmonía o una insolación. Otra característica es que deambulan sin rumbo fijo. De día se les ve por las calles más concurridas sin un destino determinado y por la noche recorren las zonas de movida en busca de la mirada cómplice de alguna “churri o chati” que comparta su condición horteril. Si se topan con ellos por la calle, no se preocupen. Son inofensivos. Solo provocan un leve dolor de oídos y una sonrisa irónica. Y eso sí, mucha, muchísima vergüenza ajena.
jueves, 2 de julio de 2009
Morenatti, en Jerez
Morenatti ha ganado el premio de fotoperiodista del año gracias a su impresionante trabajo realizado en Pakistán, con imágenes tan impactantes como la que encabeza está entrada o la de una multitud luchando por conseguir algo de comida. "Violencia de Género", exposición organizada por el Centro Andaluz para la Fotografía, retrata con crudeza los efectos de los maltratos que han sufrido estas mujeres. Morenatti saca a la luz unos hechos que en algunos casos superan los peores presagios de hasta dónde puede llegar la barbarie humana.

Emilio Morenatti nació en Jerez en 1969. Dirige desde hace año y medio la sección de fotografía en Pakistán de la agencia de noticias estadounidense Associated Press. Acumula una dilatada experiencia como reportero gráfico en zonas de conflicto, lo que le costó incluso ser secuestrado durante 15 días en Palestina. Se ha convertido en el primer español que consigue el primer puesto en la sección Periódico del certamen estadounidense Pictures Of the Year International (POYI) por su trabajo desarrollado en Pakistán, algunas de cuyas imágenes se podrán ver en esta exposición. Ha recibido otras distinciones como el Premio de Andalucía de Periodismo 1992, el Fuji European Press Award 1996, National Headliner Award 2005 y 2006, el Clarion International Photography 2005, Days of Japan 2006 y World Press Photo 2007.
Antes de desplazar su residencia a Pakistán, Morenatti, junto a la periodista Nuria Tamayo, desarrollaba la acción solidaria mediante la iniciativa porÁfrica.
miércoles, 1 de julio de 2009
BARRIGUITA CERVECERA

(Artículo publicado el 2/07/09 en Viva Jerez)
¡Ya estamos a 2 de julio!. Ya están aquí las vacaciones… y la playa. Y con la playa, los bañadores y los bikinis que dejan al aire nuestros orondos cuerpos a la vista de todos. Para muchos, el objetivo en estos últimos meses ha sido llegar al verano luciendo palmito. Un deseo que, personalmente, siempre me ha producido desazón y angustia cuando bajo la vista y compruebo la cruel realidad: esa barriguita cervecera que me desafía altiva. La miro y me mira. Me acompaña allá donde voy recordándome las cervecitas y las tapitas que me tomo antes de almorzar con mis colegitas Desi, Perico o con el primero que me lo proponga en la Tasca San Pablo, en el Entrevinos o en la Abacería.
A veces inspiro aire profundamente encogiéndola, aguantando la respiración y, cuando creo que ha desaparecido, vuelve a asomarse arrogante. Es entonces cuando pienso en la playa. Todos los años me pasa igual. Tengo la sensación de que todo el mundo me mira la barriguita cervecera y se sonríe al verla. Por eso, les tengo que confesar que haré propósito de enmienda y trataré de rebajarla en los próximos días (aunque no sé si ya será demasiado tarde). Coincidirán conmigo en la dificultad que supone seguir los dictados de esta moda de sílfides. Pero lo cierto es que todos caemos en la trampa e intentamos rebajar esos kilitos de más como podemos.
Unos acuden a los gimnasios, que por cierto, hacen su agosto en pleno mes de junio. Otros, como el que suscribe, intentará hacer deporte, pillar la bici cuando el sol se atenúe o acompañar a los grupos de mujeres que pasean por la ronda del Colesterol. Pero un día por una cosa y otra por otra... Lo cierto es que intención, lo que se dice intención, tengo. Por ahora, le voy a declarar la guerra a la grasa y al chocolate. Declaro públicamente que beberé agua y zumo a partir de hoy. La ensalada, la sacarina, la manzana a media mañana y las barritas dietéticas formarán parte de mi despensa. Haré deporte y no dormiré la siesta (que dicen que engorda una barbaridad). Sólo cenaré un vaso de leche desnatada y... ¿Será posible que me esté dando una bajada de tensión con solo pensar en todo esto?. Bueno, debo terminar este artículo. Ya han dado las dos de la tarde. Me voy a la Tasca San Pablo que me ha llamado mi amigo Perico y me espera en cinco minutos. Mejor dejaré para mañana la dieta (eso creo).