Este pasado martes, un anciano de 86 años mató a su mujer de 80, en Catadau (Valencia). Es la víctima número 52 de violencia contra la mujer en España en lo que va de año. Pero era mucho más. Se llamaba Mercedes. Tenía dos hijos y tres nietos, y era muy querida en su pueblo. Había compartido cincuenta años (¡CINCUENTA AÑOS!) con el hombre que finalmente la mató a golpes con un bastón. El asesino pasó después cuatro horas viendo la televisión, antes de avisar a un hijo. Ella había comentado a su familia y las vecinas su miedo a los continuos cambios de humor del marido, y a él se le había metido en la cabeza que ella le quería envenenar. Vecinos y amigos no atendieron a los requerimientos de la mujer, e incluso algunos medios de comunicación han caído en la tentación de casi justificar el crimen, sugiriendo, apuntando quizá que el hombre actuó en legítima defensa. Una interpretación indeseable, que indica que la sociedad en general y también los periodistas hemos de reflexionar sobre nuestra responsabilidad a la hora de acabar con esta lacra de la violencia contra las mujeres.Considero que los periodistas no debemos caer en la tentación (en ningún caso intencionada) de “acostumbrar” a los lectores, oyentes o televidentes a informaciones frías en las que la mujer asesinada es una cifra más que sumar a la lista anual de violencia de género. Detrás de cada caso hay una mujer que ha padecido el horror en su propio domicilio, la humillación en sus propias carnes y desprecio en su alma.
Por eso les recomiendo la conferencia que al respecto, y organizada por el Ateneo de Jerez, pronunciará el próximo lunes, día 21 de diciembre en el Salón de Actos de

No hay comentarios:
Publicar un comentario