Este artículo es de Amparo Bou, directora de Sinlímites Comunicación con la que coincido plenamente...
Es ya un lugar común decir que la crisis es una oportunidad.
Lo es para quienes se lanzan, por espíritu emprendedor o por necesidad, a la
aventura de poner en marcha un negocio propio. Admirables son quienes buscan un
hueco en un mercado más que saturado, y levantan un proyecto en el que basar su
futuro. De esos emprendedores, he conocido a algunos en iniciativas como Jerez Emprende: personas con
iniciativa, que superan dificultades para consolidar su proyecto en el momento
más difícil, y que buscan clientes y contactos a la vieja usanza: de frente,
por derecho, repartiendo la tarjeta y explicando cara a cara su proyecto.
Pero no todo es color de rosa, ni mucho menos. Me lo han
contado algunos de esos emprendedores. Si se rasca un poquito, se encuentra
otra triste realidad que también trae la crisis. Las aves de rapiña. Sucede
cuando el nuevo empresario busca clientes sin tocar los que tenía su
competencia. Bucea en nichos nuevos para partir de cero en su negocio y
competir en buena lid en su sector. Y ya
sea por suerte o por trabajo y competencia profesional, encuentra una buena
acogida. Ahí entran en escena las aves de rapiña: competidores más antiguos acostumbrados
a ser los reyes del mambo en su sector y a vivir de rentas, y que ahora miran
con recelo al “nuevo”, ven cómo su iniciativa da resultados, y deducen que les
está “robando” clientes, pese a que nunca, por flojera o el motivo que sea, se
había dirigido a ellos para ofrecerles sus servicios.
Un empresario con principios se pondría las pilas para
competir mejor. Pero las aves de rapiña no. Ellas van por la espalda, acuden a
los clientes del nuevo emprendedor e intentan desacreditarlo, sin conocerle
siquiera, esperando que esos clientes pasen a sus manos sin haber movido un
dedo. Trabajar les viene mal. Es la pataleta de la impotencia. El nuevo emprendedor
me cuenta que al final se entera de la maniobra, porque al fin y al cabo el
mundo es un pañuelo, y que retiene la afrenta en la memoria para el futuro.
Mientras, sigue trabajando y acudiendo a todas las citas posibles para darse a
conocer cara a cara, como las personas de
bien. Yo volveré a encontrarle la próxima semana en
Jerez Emprende, y pasaremos un buen
rato, mal que les pese a las aves de rapiña.
Amparo Bou Martí
(Directora de Sinlímites Comunicación)
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