martes, 3 de marzo de 2009

Cadillac solitario

Me gusta este tema de Loquillo. Es mi preferido a la hora de cantar Karaoke en el Rincón del Pirata, en el Cronwell o en alguno de los locales donde me gusta tomarme una copa en buena compañía y cantando los temas que me gustan...


Soy un hedonista

Los que me conocen realmente saben de mi carácter hedonista. Muchos me han oído hablar sobre la necesidad de vivir intensamente los momentos felices ya que vivo en la convicción de que la felicidad plena no existe. Considero que vivimos en la búsqueda permanente de una falacia que nunca llega. Una meta que nunca hemos de cruzar porque siempre habrá obstáculos que nos harán recordar que tenemos los pies de barro. Levantamos castillos en el aire que, irremediablemente, están condenados a esfumarse por mor de avatares que no controlamos. Perseguir obsesivamente la fama, el dinero o el amor creyendo que al conseguirlo tendremos una vida plena de felicidad es, simplemente, un autoengaño. La propia vida se encargará irremediablemente de desmontarnos ese efímero castillo de sueños. Reconozco una cierta pesadumbre en el comienzo de este artículo, quizá motivado por mi experiencia como gran constructor de castillos que el paso del tiempo, las circunstancias u otras personas se han encargado de derribar una y otra vez. Es por ello que me declaro proclive a los placeres más inmediatos, al hedonismo más cercano. Ser hedonista es aplicar al máximo el “Carpe Diem” de la Roma clásica: “Vive cada momento de tu vida, como si fuese el último de tu existencia”. El hedonismo es una teoría moral que sitúa al placer (hedoné) en bien último o supremo de la vida humana. De esta forma, disfruto de placeres como el tomar una copa de amontillado en compañía de buenos amigos en la Tasca San Pablo o el Entrevinos; con un largo paseo, sin prisas, al atardecer, desde Fuentebravía a Las Redes; comiendo palomitas mientras veo una buena película bien en casa o bien en el cine; jugando al fútbol o al escondite con mi hijo en el patio de casa; disfrutando de un buen concierto en directo; o simplemente exprimiendo un íntimo instante de reflexión al abrigo de una noche cualquiera. Es más simple de lo que creen, pero a la vez complejo de asimilar. Esos instantes están tan cerca que, a veces, no los observamos. En ocasiones busco, preveo esos momentos felices. En otras aparecen inesperadamente y, entonces, intento no dejarlos escapar. Los exprimo, los dilato para saborearlos al máximo, consciente de que igual otro día llegarán momentos parecidos pero nunca, nunca serán iguales.

martes, 13 de enero de 2009

Necesidades vitales


Observo a mi hijo pequeño mientras escribo esto. Es un día festivo y está jugando a la “Play” mientras, de fondo, mira y oye de reojo un canal infantil de televisión. Probablemente, sin saberlo, me ha sugerido un asunto para esta columna semanal acerca de las necesidades que nos ha creado esta sociedad. Hoy, la felicidad se mide con diferentes parámetros que antaño. Los niños sufren a diario este consumismo competitivo. Pocos saben ya jugar a las canicas, al hula-hop o a las chapas. Pocos se sientan junto a sus hermanos o amigos a jugar al parchís, las damas o el Monopoly. Las nuevas “necesidades” se dirigen a los juegos de Internet, a la televisión digital, a la Nintendo o a la famosa “Play Station”. Sin estos “nuevos juegos infantiles” los críos de ahora se sienten “vacíos” y, lo que es peor, “aburridos”. Esta circunstancia tiene su traslación en los jóvenes con el móvil (a ser posible de últimísima generación), el ordenador con Messenger, las zapatillas de marca o comer los fines de semana en el MacDonals o similares. Necesidades “vitales” que vuelcan, a su vez, en los sufridores padres bajo la premisa de “todo el mundo lo tiene menos yo”. Y qué decir de los mayores. Vivimos en una constante presión mediática y consumista. Que si un coche nuevo, una televisión de plasma, un dvd grabador, un robot de cocina… La envidia, deporte nacional con permiso del fútbol, hará el resto y nos “obligará” a perseguir eso que la publicidad promete que nos hará “más felices”. Pero no. Después vendrán nuevos y más modernos artilugios que nos harán caer en una espiral difícil de esquivar. Cuando pienso en mis bisabuelos me pregunto si realmente eran infelices por no tener móvil, televisión digital, coche de último modelo o robot de cocina. Cuando contemplo en los reportajes a esas tribus africanas que viven alejadas de la civilización, solo veo sonrisas de felicidad y me pregunto si sería cruel enseñarles nuestro “necesario” modo de vida. Reflexiono sobre el asunto y me dispongo ya a terminar este artículo dispuesto a hacer algo. Quitaré la tele y le propondré a mi hijo jugar a las canicas. Pero ¿Dónde encuentro ahora unos bolindres y un hoyo entre el alquitrán de las calles?. Mañana lo intentaré. Ahora mejor conectaré el otro mando y jugaré con él a la Play. ¡Malditas maquinitas!.

Una canción con recuerdos...

Me trae recuerdos de Burgos, de una primavera muy especial. Es un tema de Coti que dice mucho. Lo dice todo. Y hasta aquí puedo leer. "Antes de ver el sol...". Hoy quería compartir esta bella canción con ese anónimo navegante que me lee...

Todo un reto

Aquí estoy. Escribiendo en mi portátil y adentrándome, por fin, en el espacio virtual a través de este blog que, debo confesar, supone todo un reto personal. Pero siempre me gustaron los retos y mi vida está plagada de metas a las que siempre he intentado llegar. Y ésta es una más. En fin, el comienzo siempre es dificil, pero aquí estoy....