miércoles, 13 de abril de 2016

CONCHA VELASCO

(Artículo publicado en Viva Jerez el 14.4.2016)
Octubre del año 2000. El Villamarta acogía la obra “Las manzanas del viernes”, con Concha Velasco y Encarna Paso. El día antes fui a su rueda de prensa. Me encandiló la sonrisa de la “Chica Ye-Ye”. Una señora, entonces de 61 años, que atesoraba el encanto, la elegancia y el carisma tan propio de los artistas con mayúsculas. Cuando acabó, me acerqué y la invité (osado de mí) a entrevistarla esa noche en Onda Jerez. Mi sorpresa fue que accedió. Y allí estaba yo. Sentado en el plató, en directo, con la “Chica de la Cruz Roja” sentada a mi izquierda y a punto de comenzar. Tenía todo preparado. Me había pasado horas recopilando información que había resumido en quince preguntas en los dos folios que tenía sobre la mesa. Y comencé “Damos la bienvenida a Concha Velasco que mañana actuará en el Villamarta”. “Usted interpreta en esta obra a…” Y en ese momento, sin querer, deslice los brazos y los folios cayeron al suelo. Toda la información, las preguntas… desperdigadas por el plató. Observé en el monitor que nadie se había dado cuenta,  así que tiré de dignidad y tragué saliva. 

“Decía que interpreta a una mujer cuyo marido la engaña…” Concha respondió desviando el asunto. Después pregunté: “La obra es de Alfonso Paso y Paco Marsó es el otro protagonista…” Concha siguió en su línea de simpatía y la entrevista, tras 15 minutos, llegó a su fin. Había “sobrevivido” sin papeles. La despedí y se apagaron los focos. Fue entonces cuando vi cómo Concha Velasco se echaba a reír mientras miraba los folios del suelo ¿Qué pasa? le dije “Que no has acertado ni una… La obra no es de Paso si no de Gala. Marsó no el protagonista, es el director… y así casi todo”. No sabía dónde meterme. Me había hecho un lío de aúpa y sin embargo, Concha mantuvo el tipo para no ponerme en ridículo. Me dio un abrazo y un consejo: “Si te hubiera dicho que te equivocabas te habría dejado en evidencia, te hubieras puesto nervioso, yo también lo habría estado y la entrevista habría sido un fracaso. Sin embargo, casi nadie se ha percatado de los errores” 

Al día siguiente me invitó a su camerino y nos reímos recordando los folios en el suelo. Luego asistí a la obra entre bambalinas. Años después, en 2006, regresó al Teatro con la obra “La Filomena Marturano”. Ese día me invitó a desayunar en el Hotel Jerez  y le regalé una foto de ambos en el plató, el día de la entrevista, con una dedicatoria que decía “Me olvidé de las preguntas pero de lo que nunca podré olvidarme es de tu sonrisa”.

miércoles, 6 de abril de 2016

LA FOTO

(Artículo publicado en Viva Jerez el 7.4.2016) 
Créanme que he me ha costado decidirme por la foto que, desde hoy, acompaña cada jueves los artículos que escribo en esta tribuna de prensa. Estaba harto de oír toda clase de comentarios en torno al careto que aparecía en la anterior instantánea que, en un alarde de atrevimiento, alguien me perpetró mientras miraba absorto a una invitada a la que entrevistaba en Onda Jerez hace la friolera de siete años. “El artículo de esta semana, bien… pero la foto es de cuando hiciste la primera comunión…”. “Oye, estoy de acuerdo con lo que dices en tu artículo de hoy, pero dile a los del Viva que te cambien la foto, que ya tienes canas…”. En el mejor de los casos, culpaban directamente a la dirección de VIVA JEREZ por incluir una foto mía tan “antigua”, ante lo cual yo siempre me encogía de hombros, ponía cara de tonto (que me sale muy bien) y asentía con la cabeza a la vez que entornaba los ojos, emulando el “¿Seré yo señor?” del tal Judas Iscariote. En otros casos he llegado a emular a Pinocho afirmando que la foto es de hace unos meses tan solo… pero por ahora nadie se lo ha tragado. Eso sí, me ha crecido un palmo la nariz. En fin, que decidí hacerme otra foto y así acallar las críticas voces de amigos, familiares, conocidos, camaradas de juergas nocturnas, compañeros de fatigas y otros. 

Así que me puse manos a la obra y me dispuse a perpetrar otro autorretrato. Allí estaba yo, móvil en mano, haciendo selfies a diestro y siniestro, poniendo caras, de frente, de perfil, serio, sonriendo abiertamente, sonriendo picaronamente, haciéndome el interesante… Una tras otra las fui borrando de la tarjeta de memoria del móvil no fuera que alguien las pillara y las colgara en alguna web de terror o en la portada del Caso con una frase que dijera “se busca por feo”. Al final, se me gastó la batería y se hizo de noche. Y nada de nada. En esas estaba yo cuando se me ocurrió pedir ayuda a un amigo fotógrafo. “Porfa, porfa, hazme una foto” Debió verme tan desesperado que, sin mediar palabra, tomó su cámara profesional y se dispuso a sacarme una foto “decente”. Afortunadamente estamos en la era digital porque si no, al de la Droguería y Fotografía Quirós, la que estaba en la calle Consistorio, habría hecho negocio vendiéndonos carretes de 24 y 36. “Ponte aquí, ponte allí, sonríe, no sonrías, sube la barbilla, bájala…”. 

Desesperado por el resultado que veía en su visor cada vez que tiraba una foto, a mi amigo se le adivinaba el pensamiento “A este no hay por dónde cogerlo...”. Finalmente me mandó por mail sus 5 mejores, pero… ninguna me gustaba. Así que rebusqué en mi archivo y recorté la foto que ahora ven en la esquina superior derecha de este artículo, suprimiendo claro está a la persona que posaba junto a mí. La acabo de mandar y ya me estoy arrepintiendo. Porque la miro y la miro y no paro de pensar en la frase que un día me dijo otro buen amigo… “Esteban, mirándote… solo se me ocurre decirte que hay que tener ganas de tío…”.


miércoles, 30 de marzo de 2016

ESTOY TRISTE

(Artículo publicado en Viva Jerez el 31/3/2016)
Me siento mal. Llevo tres días fatal, triste, muy triste. Cabreado, muy cabreado. Es como un jarro de agua fría que alguien me hubiera lanzado en pleno invierno. Harto ya de desgobiernos sin pactos, de yihadistas sin alma y de banqueros sin corazón, el lunes un mensaje de Facebook me hizo tambalear, abrir los ojos ante lo que realmente es importante en esta vida. Joder, ya! Que un padre tenga que poner a la venta todo lo que de valor tiene en su casa para poder afrontar la operación de su hijo es… Bueno, no tengo palabras, y si las tengo prefiero guardármelas. Les hablo de Marcos Carribero. Sí, ese chaval jerezano desahuciado por los médicos y por el que nadie daba dos euros hace unos años y que ahora, tras más de una década de lucha por parte de sus padres, sigue ahí, aferrándose a la vida, sonriendo a todo aquel que se le acerca, subiendo peldaños uno tras otro. Y todo gracias a Juan y a Ana Mari, sus padres, que no bajan la guardia, que son capaces de todo por su hijo. Padres valientes, esperanzados y con las fuerzas suficientes para seguir adelante con esta lucha desigual. 

Cuando el lunes leí el mensaje de Juan diciendo que vendía su televisor, el ordenador en el que aprende su hijo, la mesa de estudio, las lámparas, el sofá y todo lo que hay en su casa, se me saltaron las lágrimas. Incluso decía que si alguien quería regatear, que adelante, que lo único que necesitaba era dinero para que su hijo pudiera ser operado en Boston. Rápidamente lancé un mensaje por Facebook en el que decía que nadie le comprara nada de lo que vende. Que es muy miserable aprovecharse de la necesidad de una familia. Que los Carribero se merecen otra cosa. Merecen una aportación voluntaria. Una ayuda económica en conciencia, sin publicidad, sin que sea necesario lanzarlo a los cuatro vientos. Que ya está bien de golpes en el pecho y de doble moral. Hace unos días hemos estado en las calles de Jerez rezando al Cristo tal y la Virgen cual. Lo respeto con todo mi corazón. Pero creo que Jesucristo y María Santísima están más reflejados en la carita inocente de Marcos Carribero que sobre un paso dorado. Estar junto a él es ver a Dios. Y lo demás son chorradas. 

Veo en los ojos de sus padres la impotencia que sienten al ver que el tiempo se acaba y que su hijo se apaga, se muere. Sí, se muere. Y que viva muchos años depende de todos nosotros. Los que me conocen saben que nunca he pedido nada para mí. La vida me ha sonreído. Pero ahora pido por Marcos y por una familia que se desvive por él. Me atrevo incluso (y reconozco que es una osadía por mi parte) a hacer un llamamiento a ese jerezano afortunado ganador del Euromillón. Alguien que lea Viva Jerez debe conocerlo bien. Tan solo le pido que conozca a Marcos. Que le mire a los ojos. Que le vea sonreír. Y ya está. Lo demás, vendrá solo. El teléfono de Juan Carribero es el 665.305153 

miércoles, 24 de febrero de 2016

NO ME VALE

(Artículo publicado en Viva Jerez el 25/2/2016)
Que no. Que no me vale que te ampares en lo moderno y lo guay que eres para hacer lo que te venga en gana. Que por encima de todo está la buena educación y el respeto a los demás, que es lo que nos enseñaron nuestros mayores. Ya está bien. Me revuelvo escuchando las sandeces de unos pocos soplagaitas que creen que ahora todo vale. Que los valores son cosa del pasado. Si. Os hablo a vosotros que os amparáis en la libertad de expresión para insultar o vejar a cualquier hijo de vecino porque os da la gana o porque os cae mal. A vosotros que lanzáis tacos cada vez más altisonantes porque ahora es la moda. A vosotros que os cagáis en todo. Quiero que sepáis que mucho nos costó a los españoles recuperar ese derecho para que ahora lo utilicéis torticeramente para pisotear credos, ideas o pensamientos alejados de vuestro progresismo, a mi juicio, mal entendido. 

A estos de los que hablo alguien debería leerles en voz alta la definición que la RAE tiene para las palabras moral y ética. Pero dudo que las entendieran a la primera. Lo que más me duele de esta sociedad en la que me ha tocado vivir, es la laxitud que arrastra; el cansancio que soporta debido, probablemente a un hartazgo provocado por la mediocridad y la sinvergonzonería de una clase política que ha dado concesiones a diestro y siniestro hasta llegar a este punto del todo vale. Un estado de ánimo que da alas a unos tipos indefinidos que enarbolan banderas indefinidas y que se amparan en principios que carecen de principio ¿Saben a qué me suena todo esto? Seguro que recuerdan cuando el profesor se marchaba de clase. Entonces, los alumnos aprovechábamos para subirnos a los pupitres, y tirábamos bolas de papel y hacíamos caricaturas en la pizarra. 

Pues bien, en este país los profesores (entiéndase la metáfora) han salido del aula o bien miran a otro lado. Y los alumnos, como adolescentes que son, se rebelan contra todos y contra todo. Esto hay que cambiarlo, dicen. Lo bueno es lo que digo yo y lo malo lo que tú dices. Y punto pelota. Y que nadie les diga nada que encima nos dicen que somos unos antiguos, unos fachas o unos reaccionarios. Precisamente a muchos que, por nuestra edad, vivimos la transición y luchamos por conquistar unas libertades que ahora les sirven a ellos para parodiar y ensuciar todo lo que se ponga en su camino. Respeto, moral, ética, valores, educación… ¿Tan difícil es de comprender? Como cantaba Víctor Manuel “Aquí cabemos todos… o no cabe ni Dios”.

miércoles, 10 de febrero de 2016

EL DÍA DE LA MARMOTA

(Artículo publicado en Viva Jerez el 11/2/2016)
Allí estaré. Colgué el teléfono. Bajé las escaleras de dos en dos y, ya en la puerta, salí flechado hacia la moto. Había tiempo. El director me había citado a las 12.30 y en el Ayuntamiento aún no habían tocado las doce campanadas. Calculé diez minutos para llegar a la moto y otros diez para llegar a su oficina. Siempre es mejor, pensaba, llegar antes a una cita que retrasarse. En fin, iba con esos pensamientos cuando me para mi amigo Perico. Tito ¿qué tal el finde? Bien, Pedro. Ya sabes, cargando las pilas y bla, bla, bla… Pero, perdona, tengo prisa. Una reunión muy importante. En ese momento, las doce campanadas ¿Nos vemos a las tres para tomarnos un oloroso? Venga, hablamos. Lo dejo atrás y a cinco metros alguien me sujeta del brazo. Javier, un amigo madridista hasta las cejas. Esteban, vaya con el Madrid ¿Viste a Ronaldo cuando cogió el balón y bla, bla, bla…? Que si, que Cristiano es un crack, pero Javi, lo siento, tengo prisa… Y qué me dices del entrenador cuando… Lo siento, tío, no puedo, de verdad. Lo dejé con la palabra en la boca. Miro el reloj. Las 12.05. 

De repente caigo. Me palpo el bolsillo y… ¡Olvidé las llaves de la moto en mi despacho! Miro al cielo y vuelvo sobre mis pasos. Javier, que me ve, se acerca de nuevo. Y lo de Benzemá ¿qué me dices? Javi, que sí, que ando liado… Lo dejo atrás hablando solo. A 10 metros, Perico, otra vez. Tito, a las tres no puedo, mejor a las tres y media. Que si, luego te llamo. Llego al despacho. Escalera pa arriba, escalera pa abajo. Las 12.20. Vuelta a empezar. El día de la marmota. Perico otra vez diciéndome no sé qué de la hora, Javier que si el Madrid adelantará al Barça… Y yo, a lo mío, con las llaves en la mano sin atender a nadie. De repente un joven con carpeta me para para hablarme de no sé qué asociación ecologista y firma aquí que vas a contribuir a salvar el planeta, y a las ballenas… Lo siento, tengo prisa. Finalmente llego a la moto. Las 12.45. Me pongo el casco y suena el móvil. Mi padre. Debe ser importante. Me quito el casco. Dime ¿Papá? ¿Papá? Falla la cobertura. Cuelgo. Lo llamo. Comunica. Debe estar llamándome. 

No puedo esperar más. Me pongo el casco. Arranco la moto. Suena el móvil. Mi padre. Apago el contacto. Me quito el casco ¿Si? Ahora sí, me dice. Es que mi móvil falla y lo tengo que llevar a la tienda porque bla, bla, bla… Papá, perdona tengo prisa ¿Cómo? Se va la cobertura. Que llego tarde y… ¿Cómo? Que después te llamo. No me entero de nada. Cuelgo. Las 12.50. Como pronto llegaré media hora tarde. Suena el móvil, es mi mujer. Dime que llego tarde. No, que ha llamado el director y que te cita para mañana la misma hora. Vuelvo al despacho y otra vez la letanía del ecologista, de Javier y de Perico que si las ballenas, el Real Madrid y a qué hora nos tomamos la copita. Suena el móvil. Mi padre. Suspiro, miro al cielo mientras suena una campanada en el reloj del Ayuntamiento.